CRÓNICA: Abogado de uno de los últimos guerrilleros…

Hasta el verano de hace cerca de tres lustros, aún caminaba, trabajaba, iba a cafés, a eventos. Aunque se veía, a veces, fatigado, sudoroso y limpiándose con un pañuelo la frente, con frecuencia.

Por: Redacción
2022-09-23

 


-A 57 años del Asalto al Cuartel de Madera

1ª. de dos partes

SERGIO ARMANDO López-Castillo


Fungía entonces como visitador de los Derechos Humanos, en el tiempo de “polito” González Baeza. Pero a la vez, dirigía un bufete jurídico en la ciudad; él se consideraba un abogado “justiciero”.

Antes de que lo sorprendiera un infarto, por ese tiempo, y con ello la muerte, Ángel contó a este cronista, algunas historias de casos penales que como litigante llevaba en su oficina, al tiempo que cumplía su encargo derechohumanista que le encomendara su amigo Leopoldo, el mero presidente del organismo.

Casi como extraídos de los mismos expedientes que el licenciado manejaba, con todo y crudeza, un amigo de él, a quien se conocía como “Lopescaste” o el “Dandy” en el mundillo de los cuenta historias, comenzó la aventura de escudriñarlos y darles orden, sintaxis y coherencia para narrarlos.

Así, el cuentista desentrañó la terminología legaloide de partes ministeriales, carpetas de investigación y sentencias, y reseñó los borradores de varios capítulos extraordinarios, de esos que con frecuencia caen en las procuradurías y fiscalías, y que la mayor parte de ellos se quedan en el olvido o anonimato.

En particular, “Lopescaste” se interesó en un folder que contenía un inusual y desconcertante testimonio, al principio. La narración sobre ese episodio estaba centrado en una dramática aventura en las Islas Marías”, protagonizada por un modesto personaje, que al escudriñarla, a partir del asunto penal, sorprendió al mismo abogado, y al reseñador.

También, luego, causó sorpresa y expectación en muchos que pudieron conocer dicho borrador, hasta hoy inédito, por la valiosa información, significado histórico y relevancia que contiene.

“…Los laberintos que entrañan las leyes, no sólo mexicanas, sino las del mundo, en más de un caso han llevado a hombres y mujeres por insospechados sufrimientos, injusticias, aberraciones e ignominias. Pero no todos los renglones de la justicia están torcidos, para fortuna de muchos mortales…”

La redacción de ese acontecimiento, cuyo origen es un recurso de amparo, de riqueza excepcional y originalidad, que puede resultar muy sentida para el común de los parroquianos, grato fue encontrar en sus líneas, el espíritu profesional, humanitario, y aun justiciero, de un hombre de leyes que, antes que eso, fue una buen hombre y una excelsa persona.

“El náufrago guerrillero”, como se titula, no era un una promoción jurídica más, del despacho de Ángel, sino un tema especial.
El representante de aquel cliente, tal vez sin medir la trascendencia, por la esencia de los datos ahí contenidos, comenzó a entregar cada foja y copia al redactor, aunque luego confesara que le sorprendió conocer al protagonista de marras, al mismo tiempo que externaba la fascinación que sintió al escucharlo de viva voz en las primeras entrevistas.

Como su defensor, Ángel había tenido que ir a ponerse de acuerdo con el representado, a la sierra, en Madera, porque según un amigo del litigante, quien le recomendó el asunto, le había comentado que esa persona necesitaba de los servicios de un abogado, pero no podía dejarse ver en la capital del estado.
Ángel viajó entonces a la serranía y se vio con el susodicho. En la charla, el individuo le contó a aquél, que se encontraba prófugo de la justicia desde hacía muchos años, y que deseaba que le promoviera un recurso legal para obtener su libertad, oficialmente.

De ese modo, al solicitarle Ángel los datos esenciales para armar un apunte y comenzar a construir el litigio, el entrevistado inició con un relato extenso, detallado y hasta emocional, que su interlocutor tuvo que “chutarse”, en una sola plática, la que se prolongó por varias horas.

El hombre, reviviendo su vida de los años sesentas, allá en Madera, confesaba con nostalgia y emoción, que al lado del profesor Gámiz, del Dr. Gómez, de Salomón, Rafael, Óscar, Miguel, Emilio y Antonio, se había enrolado en una guerrilla comunista, que después se le conocería como “La Liga 23 de septiembre”.

Conocido por sus amigos y compañeros de aventura como “Alfredo”, su pseudónimo de lucha, el joven idealista en aquel momento histórico y álgido, comentó a su abogado, que ese día memorable (23 de septiembre del 65) en Madera, el grupo: -“Comimos tablillas de chocolate antes del asalto al cuartel militar, lo recuerdo muy bien”, esbozó.

La razón, según narró: “-Teníamos que agarrar fuerzas, energía, y controlar el pulso de las manos para disparar, y esa golosina ayudaba”, agregó.

Los planes no funcionaron como se pensó, cuenta Alfredo a Ángel. – “Los militares no pararon de responder el fuego a la ofensiva que lanzamos, y la batalla se prolongó hasta que salió el sol, luego de una intensa madrugada de ese día trágico”.

Recordó el ex guerrillero, que en un momento dado, el tren de las 8 de la mañana pasó frente a los dos grupos. Parecía que los operadores del ferrocarril, ahí en Madera, ignoraban los hechos que luego serían historia nacional e internacional.

En su caso, Alfredo expresó que una vez muertos sus hermanos de refriega e ideales, él se fue arrastrando por un costado de las vías férreas, alejándose discretamente del lugar de la batalla.

Trató de reunirse con unos compañeros que estarían en la sierrita cercana a la retaguardia del sitio del combate, y que serían los refuerzos, pero los encontró muertos a todos.

Cuando el hombre narraba las incidencias al abogado, éste paulatinamente se fue dando cuenta de, con qué personaje estaba por cerrar un acuerdo de cliente-defensor.

Era uno de los últimos sobrevivientes de aquel ataque al cuartel militar de Madera, hoy histórico y emblemático quien vería el arribo de un nuevo gobierno de centro izquierda en el país, el de Andrés Manuel López-Obrador.

En uno de los pasajes traídos a cuenta en esa charla por parte de “Alfredo”, a su abogado Ángel, el combatiente hizo un breve recuento de los problemas que aquejaban a los maderenses y a muchos otros campesinos y a sus familias en esa zona.

Explicó el ex rebelde, entre otras muchas incidencias de aquellos años, que provocaron el levantamiento, que junto con la compañía privada “Bosques de Chihuahua”, varios caciques explotadores hacían de las suyas con los recursos de la región, y ello comenzó a enojar a los nativos, con el tiempo…

Entre algunos de esos explotadores, “Alfredo” citó al adinerado Vega, a Olivas, a Ibarra y a otros, a quienes los agricultores e indígenas lugareños, condenaban y señalaban, como los principales acaparadores de miles de hectáreas de bosque, pasando por encima de pequeños propietarios y comuneros a quienes despojaban sin rubor.

De los atropellos cometidos por los pudientes de las comunidades, descritos por “Alfredo”, cuyo nombre verdadero es el de Ramón, citó homicidios, compra de voluntades para acrecentar tierras y propiedades, todo lo cual les era solapado por la policía rural, que en ese momento encabezaba un tal Caldera y su testaferro Martínez Noriega.

Esas y muchas otras arbitrariedades y abusos, así como la negligencia y/o complicidad de los gobiernos locales, regionales y nacionales, fue parte de lo que motivó a jóvenes, productores, trabajadores, maestros y un sinnúmero de ciudadanos, organizarse y emprender esa lucha por un cambio de sistema y del estado de cosas en México, en esas tierras de norte, expresó “Alfredo”, con cierta emoción y nostalgia en sus palabras y su rostro.

Así, Ramón o “Alfredo”, seguía diciéndole a su oyente, cómo aquel día aciago del asalto al Cuartel de Madera, después de horas de refriega, se dio cuenta, al estar parado atrás de un furgón del ferrocarril, que casi todos sus compañeros de lucha, en el frente de ataque y otro grupo que era la retaguardia, habían sido acribillados.

Recuerda el del comento, que se acordó de unos caballos que estarían preparados para salir de inmediato de las inmediaciones de la estación de trenes, en caso de una huida intempestiva. Pero al llegar corriendo solo al sitio, se percató de que no estaban.
Enseguida emprendió una caminata sigilosa y veloz para que no lo detectaran los militares, avanzando varios días por la escabrosa sierra, sin alimento ni agua, hasta que arribó a la capital del estado.

Ahí, dice “Alfredo”, que abordó un autobús con destino al Distrito Federal, entonces, donde, de acuerdo a un plan preestablecido, se reuniría con dirigentes del movimiento de aquella metrópoli.
Empero en la dirección que le habían dado, de una casa de seguridad, se encontró con que estaba abandonada.

Días después, el hombre tuvo la suerte de encontrar a otros amigos y camaradas de ideales que también habían salido con vida del enfrentamiento en Madera, y ellos lo llevaron hacia otro lugar donde había más colegas suyos.

Algunos de ellos, simpatizantes comunistas, refirió “Alfredo”, estaban a la sazón, siendo apoyados y patrocinados por un alto político al que identificaban como el General, o el “tata” Lázaro, quien les proporcionó a través de un contacto, albergue y comida.

A esas alturas de la entrevista de Ángel, como abogado que sería de “Alfredo” o Ramón, el licenciado comenzó a apresurar al entrevistado para que le diera los datos específicos que le servirían para gestionarle la libertad definitiva, por prescripción de delito.

Sin embargo, el narrador de esa historia pidió al profesionista, que lo siguiera escuchando, porque necesitaba desahogarse y hacer catarsis de lo que había pasado en esa encrucijada, a lo que Ángel accedió.

Fue así que el ex guerrillero, en ese momento, le confió al litigante, en la charla, que él y otros, incluso habían planeado una reorganización y ofensiva de sabotaje al gobierno, para lo cual pensaron en dinamitar vías de comunicación y otras instalaciones en el estado.

Para ello, regresó a la capital Chihuahua, en compañía de Óscar, que también había participado en el asalto al cuartel.

Según Ramón, iban entusiasmados en esa ocasión, pero la falta de dinero y otros recursos era tal, que solo tenían para pagar el pasaje de camión a su tierra…



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