Woodstock, un legado de amor; Bethel, Nueva York

Para una generación completa de jóvenes estadunidenses, el Festival de Música y Arte de Woodstock se convirtió en el escenario perfecto para alzar la voz en contra de la Guerra de Vietnam y los conflictos bélicos en los que Estados Unidos estaba involucrado. Así, con un mensaje de amor, paz, tolerancia y ecología, los jóvenes de finales de la década de los 60 demostraron su rechazo ante cualquier tipo de acción que perturbara la paz.

Por: Redacción
2019-08-11

 

 

Hace 50 años la granja de Max Yasgur, en el pueblo de Bethel, Nueva York, fue el lugar donde se llevó a cabo uno de los conciertos masivos más emblemáticos del siglo XX en el cual 33 actos musicales fueron la voz de una generación que compartía los ideales de los llamados hippies.

 

“Era una época de grandes ideales, grandes pensamientos que teníamos en nuestra generación y queríamos mandar ese mensaje de paz, amor y tolerancia, de igualdad, que es un mensaje que hoy es más importante que nunca”, explicó en entrevista telefónica Fito de la Parra, baterista de Canned Heat, una de las bandas que se presentaron en Woodstock hace medio siglo.

Tres días de paz, amor y música transmitidos a través de la voz de Janis Joplin with The Kozmic Blues Band, Grateful Dead, The Who, Creedence Clearwater Revival, The Band, Joe Cocker and The Grease Band y Sweetwater, entre otros, se convirtieron en un emblema de la época.

“El mensaje ahí está, pero desgraciadamente hasta la mismas personas que estuvieron en Woodstock se han traicionado, se convirtieron hasta más conservadores que sus propios padres... es la misma gente que votó por Trump y que están llevando al mundo y al país a la miseria.

“Ese mensaje de paz, amor e igualdad hacia la mujer, de tolerancia, todo eso era lo que tratábamos de pasar en esa época y todos vivíamos en esos ideales, pero desgraciadamente se ha degenerado mucho y, ahora, es la gran pregunta ¿qué vamos a hacer, caer en el fascismo o vamos a reconocer los ideales de Woodstock y seguirlos?”, señaló De la Parra.

Del 15 al 17 de agosto de 1969 medio millón de personas se dieron cita en el evento musical que Michael Lang, Artie Kornfeld, John P. Roberts y Joel Rosenman idearon para transmitir un mensaje positivo y, por qué no, convertirse en un ícono de la contracultura de los 60.

“El festival nació con la paz como lema. Son tiempos críticos y aún seguimos comprometidos con asuntos sociales como el cambio climático y la necesidad de controlar el uso de armas”, recordó Lang en la inauguración de una exposición en Los Ángeles que recoge las mejores instantáneas de tres días llenos de música, adrenalina y espíritu libre.

Junto al cofundador estuvieron el músico John Sebastian, quien subió varias veces al histórico escenario, y el fotógrafo oficial del evento, Henry Diltz.

En palabras de De la Parra, 1969 fue un año en el que hubo muchos festivales musicales en Estados Unidos y en el mundo, sin embargo, Woodstock se convirtió en el más famoso por la cantidad de personas que se dieron cita.

“Fue el año de grandes festivales, Woodstock fue el más famoso porque fue el más grande, pero no fue el único, hubo muchísimos festivales ese año y nosotros atendimos a casi todos los festivales del ‘69.

“El Texas Pop Festival, Atlantic City Pop Festival, Atlanta pop Festival, Bath Pop Festival en Inglaterra y otro más en Holanda, todos estos festivales tuvieron más de 100 mil o 200 mil personas y eran tan importantes como Woodstock”, dijo el baterista.

Si bien Woodstock se convirtió en un emblema de la paz y la convivencia bajo el cobijo de la música, la logística para llevarlo a cabo fue un cúmulo de problemas que fueron surgiendo sobre la marcha y que se tuvieron que resolver a partir de la improvisación.

“Nadie se esperaba que Woodstock se convirtiera en lo que se convirtió y es algo que nunca se podía repetir porque fue algo como la música que hacíamos en ésa época, fue improvisado, no fue planeado y esa es parte de la magia de ese festival en donde esperaban con trabajo 100 mil personas y de repente se les llegó medio millón, eso fue la máxima del festival”, dijo De la Parra.

“(Michael Lang) consiguió que su idea de un festival de música y paz fuera realidad”, subrayó Henry Ditz, “resolvía todos los problemas y cuando las cosas se ponían raras, él guardaba la calma”, dijo el fotógrafo oficial de Woodstock durante la exposición en Los Ángeles.

El gran número de personas complicó la llegada y salida de personas al lugar, por lo que tuvieron que usar helicópteros para llevar a los artistas.

Como muestran las fotografías de Ditz, no había vestuarios, camerinos o divisiones, sólo mesas de madera y la lluvia de días anteriores había llenado de lodo el lugar, sin embargo, nada de esto fue suficiente para acabar con el espíritu de Woodstock.

“No sabía qué era Woodstock, apenas llevaba yo un par de años en este país y para llegar al festival prácticamente nos robamos un helicóptero de la prensa. Un compañero les preguntó a los reporteros que qué hacían y ellos le respondieron que iban a reportar las noticias, él los sacó y les dijo ‘nosotros vamos a hacer las noticias’, así llegamos a Woodstock.

“Cuando acabamos de tocar, de repente me dice el mánager, como una hora después de tocar, ‘ahí hay un limusina con las llaves adentro, si no nos subimos nunca vamos a poder salir de aquí porque estaban todas las carreteras bloqueadas con carros, era un relajo salir o entrar, nuestros staff tardó más de 12 horas con nuestro equipo en una carretera que normalmente te tardas dos horas en llegar. Nos subimos todos y uno de los de la banda de Mountain, Feliz Pappalardi, se fue con nosotros y de ahí salimos destapados”, recordó De la Parra.



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