Juez asesta golpe contra Lula; caso de corrupción en Brasil


El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue condenado ayer a nueve años y medio de cárcel por corrupción y lavado de dinero, un fallo que podrá recurrir en libertad, pero que amenaza su eventual candidatura a los comicios de 2018.

Por: Redacción
2017-07-13

 

Sus abogados anunciaron que apelarán la sentencia ante tribunales brasileños y ante las Naciones Unidas.

La sentencia fue dictada por el juez Sergio Moro, responsable de las investigaciones sobre la colosal trama corrupta destapada en el seno de la petrolera estatal, Petrobras.

Moro encontró culpable a Lula de aceptar 3.7 millones de reales (1.2 millones de dólares) en sobornos de la firma de ingeniería OAS. Fiscales dicen que con el dinero la empresa remodeló un departamento en la playa en el municipio de Guarujá, Sao Paulo a cambio de contratos con Petrobras. El inmueble, sin embargo, no llegó a estar a su nombre.

El juez explicó en su sentencia que no ordenó una prisión cautelar del exmandatario para evitar “ciertos traumas”.

Esta es la primera condena que recibe el exmandatario, quien aún responde en otras cinco causas penales, la mayoría de ellas relacionados con el caso Petrobras.

A pesar de la condena, el exmandatario aún puede aspirar a ser candidato para las elecciones generales de 2018, lo cual sólo sería impedido si la sentencia fuera ratificada en segunda instancia. Aunque aún no lo ha hecho oficial, Lula ha manifestado su deseo de volver a competir en unos comicios.

El veredicto representa, además, la condena de más alto perfil emitida hasta ahora en el marco de la operación Lava Jato (Lavado de Autos) que, desde hace más de tres años, investiga un vasto sistema de corrupción en los más altos niveles del empresariado y el gobierno.

Si el fallo es confirmado en una Corte de apelaciones, en un proceso que puede extenderse por, al menos, ocho meses, Lula no podría ejercer cargos públicos por 19 años.

La expresidenta Dilma Rousseff, destituida en 2016 por manejos irregulares del  presupuesto, dijo que Lula es víctima de una “flagrante injusticia y de un absurdo jurídico que avergüenza a Brasil”.

Todos los expresidentes vivos desde el restablecimiento de la democracia (José Sarney, Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff) han sido acusados de corrupción.

Collor de Mello fue acusado de corrupción en los 90 por la Cámara baja del Congreso y renunció antes de que el Senado lo destituyera. Como resultado, perdió todos sus derechos políticos por ocho años.

 

FUTURO DE TEMER, EN MANOS DE DIPUTADOS

Una comisión de la Cámara de Diputados de Brasil inició ayer una maratónica sesión, que se puede prolongar hasta mañana y en la que se empezará a jugar la suerte del presidente Michel Temer, acusado de corrupción.

El debate en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ)  es un paso previo a una votación que luego realizará el pleno del órgano legislativo para decidir si la Corte Suprema puede abrir un juicio penal contra Temer, que en ese caso sería suspendido del cargo durante 180 días y destituido si fuera hallado culpable.

La CCJ está compuesta por 66 diputados, por lo que se necesitan al menos 34 votos para enviar la denuncia al pleno. De acuerdo con estimaciones del diario Estado de Sao Paulo, unos 20 miembros de la comisión están en favor de la denuncia y otros 20 la rechazan.

Los primeros argumentos de este debate mostraron el neto carácter político del proceso en la comisión y adelantaron, de alguna manera, lo que puede ser la votación en el pleno de la Cámara baja, que sólo le dará curso a la denuncia si lo aprueba una mayoría de dos tercios (342 de los 513 votos).

El juicio político tiene que superar varios obstáculos y es visto como poco probable a estas alturas, ya que Temer cuenta aún con amplios apoyos en el Congreso.

Pero, en las últimas semanas aumentan las críticas contra el líder conservador, también desde su base parlamentaria.

-EFE

 

EL REVOLUCIONARIO QUE HIZO SOÑAR A LOS BRASILEÑOS

El exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva  encarnó el sueño de millones de brasileños. Logró salir de la miseria, estudiar, liderar un sindicato y alcanzar la Presidencia.

Una historia de novela con un final aún incierto para un hombre que durante décadas enarboló la bandera de los trabajadores y la igualdad social, y convenció al mundo del éxito de su “revolución” pacífica.

Nacido en 1945 en el estado de Pernambuco, en el empobrecido noreste, Lula emigró con su madre y sus siete hermanos a los alrededores de Sao Paulo siguiendo los pasos de su padre, un campesino analfabeto y alcohólico que tuvo 22 hijos con dos mujeres, Lindú, la madre del expresidente, y su prima.

Conoció a su padre cuando tenía 5 años, vendió naranjas y tapioca en las calles, a los 15 empezó a trabajar como tornero y poco después se acercó al movimiento obrero y llegó a presidir el poderoso sindicato metalúrgico.

A comienzos de los años 80, en los estertores de la última dictadura militar brasileña, participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT) con políticos e intelectuales de izquierda.

En 1986 se convirtió en el diputado más votado del país y comenzó a acariciar el sueño presidencial, aunque le costó cuatro intentos. En 2002, cuando triunfó no lo hizo con la imagen de barbudo sindicalista, sino con un estilo más diplomático.

Durante sus dos mandatos, empujados por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza.

Ahora, el expresidente enfrenta a la justicia luego de que ayer fue condenado a poco más de nueve años de cárcel acusado de corrupción y lavado de dinero.

-AFP Y EFE



Me Gusta. Retweet. Digg.